Que osadía creer
que estas líneas puedan ser versos,
que estos versos, poesía.
Que osadía pensar
que alguien vea en este lecho
la llave del alma mía.
Que osadía creer
que estas líneas puedan ser versos,
que estos versos, poesía.
Que osadía pensar
que alguien vea en este lecho
la llave del alma mía.
Estaño y plomo
¿azufre y nitrógeno?
¿fósforo y boro?
La ventana de mi alma
tiene las cortinas echadas.
Tan sólo una débil llama de luz
ilumina las tinieblas que pueblan mi ser.
¿Quieres abrir la puerta que me separa del mundo?
Por mucho que busques la llave
jamás te la va a dar.
Ave que canta
suaves trinos con pasión
llueven las balas.
Abro las puertas de mi alma
y pierdo la mirada en su interior.
¿Hay alguien ahí?
El eco me devuelve la frialdad como respuesta.
Busco la ventana que inunde
de luz y esperanza el abismo,
pero las piedras del suelo
me impiden un paso más dar.
¿Dónde estás?
El oscuro vacío parece reír,
jactarse de aquel que osa explorar.
“No hay nada que hacer”
Me digo mientras cierro la puerta
y lanzo la llave al infinito.
Tendré que seguir provocando dolor,
que remedio si estoy vacío.
Huir de tus ojos jamás podría
iris de mil colores que hechizan
con extrema suavidad se deslizan
sin su luz sólo queda agonía.
Ellos son mi más alta fantasía
sueños que todos mis vellos erizan
malvados demonios exorcizan
desde que aquel día fuiste mía.
Fiel a tu humildad, dulce esclavitud
jugo de caricias y tiernos gestos
amor infinito de gran magnitud.
Con dulzura y besos siempre prestos
haciendo de lo negativo virtud
sin modas, sentimientos honestos.
Camino solo
por veredas oscuras.
Infierno soy.
Naufrago a la deriva
ante un tumultuoso gentío.
La soledad colectiva,
silencio entre el griterío,
se siente la única diva
lanzando al cielo el desafío.
No hay posible ofensiva
pues tan vasto es su poderío
que ni tristes rogativas
podrán demoler su señorío.
Finges bondades entre tóxicos mortales
rojo de la pasión y blanco impoluto
hijo de la tierra pues de ella eres fruto
aroma embriagador con tintes infernales
camuflados entre aires espirituales
vistes las vísceras de riguroso luto
mutiladas con tu disfrazados puñales.