Se acaba la inspiración,
las palabras que antes se agolpaban por salir
huyeron por la puerta trasera de mi vida.
Por más que hurgo en el fondo del baúl
sólo recojo polvo y miseria,
y los versos que allí un día vivieron,
sin más, y sin nada decir desaparecieron.
Como el humo abandona el fuego,
así se dispersaron mis ideas
en la infinitud de este viaje.
Grito en mitad del océano vacío de mares
por si se apiadan de este triste trovador,
pero es demasiado tarde
y los poemas que un día imaginé
se hicieron libres a mi pesar.
Dentro de mí, en el fondo de mi ser
confío en que vuelvan algún día,
mas la realidad, tozuda como es
me recuerda, sin siquiera pestañear,
que la solución está en mi imaginación.
Es tan simple como dejarle entrar otra vez
en la que siempre fue su morada.

